jueves, 15 de noviembre de 2012

SCORPIONS / THE ELECTRIC DUCKS

10 de noviembre 2012. Zenith, Pau (Francia)

Tras el aplazamiento de sus conciertos previstos para el mes de abril en tierras galas, la banda alemana de hard rock más grande de la historia por fin se acercaban el pasado sábado 10 de noviembre a unos pocos kilómetros de nuestra frontera pirenaica, que es lo más cerca que los hemos tenido de España en su gira de despedida, al menos eso dicen, ya veremos si no hacen como otros (Kiss, Rolling Stones, Judas Priest…).
Una oportunidad que no podíamos dejar pasar y que nos llevó a desplazarnos, a un servidor junto a tres buenos compañeros de viaje (Miguel, Jorge y Marina) hasta el magnífico Zenith de Pau, recinto con unas impresionantes instalaciones perfectamente acondicionadas únicamente para este tipo de eventos, de lo mejorcito que he visto en locales de conciertos. Antes y después estuvimos en Fuenterrabía con mis amigos Mariano y Maite que nos trataron de lujo haciéndonos sentir como en casa, gracias chicos, amenazamos con volver.
Homenajes gastronómico-etílicos aparte y centrándonos en el motivo principal del viaje, llegamos a Pau con bastante tiempo de margen, mejor prevenir por si nos perdíamos, y lo primero que nos llamó la atención fue el enorme parking gratuito a disposición de los asistentes acorde con la capacidad del recinto (7.500 personas), distribuidas entre localidades de asiento y a pie de pista, todas ellas cubiertas con las entradas (nada baratas por cierto, entre 60 y 85 euros), vendidas desde unas semanas antes, con buena representación entre el público de incondicionales llegados desde la Península. Eso sí, las bebidas en el bar del recinto mucho más económicas de lo que estamos acostumbrados por aquí, aunque la verdad es que la cerveza era bastante flojita, por dos euros tampoco se pueden pedir milagros.
No había teloneros anunciados, pero nada más llegar al interior de la sala nos encontramos con un gran telón en el que se podía leer THE ELECTRIC DUCKS presentando la actuación de una banda con este nombre absolutamente desconocida para nosotros. Luego nos enteramos que eran de Montpellier, algo que ayudó mucho en la buena respuesta de un público que se metió bastante en su concierto. Aprovecharon el tiempo del que dispusieron, que no llegó a media hora, para hacernos mover el pie descargando cinco temas llenos de ritmo y electricidad en los que el influjo de AC/DC se dejó notar a base de bien, rematando con un pseudo striptease por parte de su guitarrista principal que tocó el último tema únicamente cubierto por unas alas y una corona de ángel y por su Explorer tapando sus partes nobles. Divertidos y descarados, buen aperitivo para el palto fuerte que pudimos degustar a continuación.

Para mi ver a SCORPIONS siempre es algo especial, muy especial, ya que fue al primer concierto grande al que asistí con 16 años cuando tocaron en el Campo del Rayo Vallecano en 1986 (aunque realmente el primero fue el de McAuley Schenker Group que se encargó de abrir), y seguramente sea a la banda que en más lugares diferentes haya visto (Madrid, San Sebastián, Lorca, Puertollano, Suecia, Francia), siempre teniendo la suerte de poder disfrutar de su tremenda categoría ofreciéndonos espectáculos memorables. Y esta vez no iba a ser una excepción.
Ya el montaje con tres pantallas de vídeo enormes en el fondo, con unas estructuras de luces impresionantes (incluidos cuatro cañones de luz manejados por sendos operarios colgados en lo alto casi tocando el techo), y la pasarela que se abría paso entre el público, presagiaban el gran show del que pudimos ser partícipes a continuación. Se apagaron las luces y nos encontramos con la plataforma de la batería elevada por unas cadenas unos cuantos metros por encima del suelo para que el peculiar James Kottak empezara a dar caña con “Sting In The Tail”, el tema título del último disco del grupo (el de versiones “Comeblack” aparte).
Si ya sonaron bien The Electric Ducks, cuando empezaron a sonar Scorpions todo subió de nivel exponencialmente, sobre todo la voz de Klaus Meine que ya no me cabe ninguna duda que ha hecho un pacto con el diablo. Impresionante la fuerza y el carisma que transmite siempre este señor, estilismos de vestuario aparte, sin duda una de las mejores voces que ha dado el rock y que sigue en un excelente estado de forma, algo que me sorprendió muy gratamente a la vista de algún que otro vídeo reciente donde parecía no llegar donde nos tiene acostumbrado.
Tras el comienzo arrollador más actual, primer recuerdo con uno de mis temas favoritos de los escorpiones, “Make It Real” con esa melodía de guitarra a cargo de Matthias Jabs que sigue siendo la elegancia personificada, aunque también estuvo muy dinámico y divertido para dar réplica a las “locuras” de Rudolf Schenker que sigue siendo esencial en el sonido del grupo, mientras que Pawel Maciwoda muestra su solidez con el bajo participando también de poses y guiños al público aunque en menor medida que los veteranos.
“Is There Anybody There?” con su rollo más setentero y “The Zoo” con esa cadencia puramente rítmica adornada por el talk box de Jabs, nos llevaron a otro de los momentos más destacados de la noche de mano de la maravillosa instrumental “Coast To Coast” cuya melodía de guitarras, incluida la de Kalus Maine, siempre me ha parecido de lo mejorcito. Siguieron en el recuerdo con la entrañable “Loving You a Sunday Morning” para pasar a tesituras más relajadas bajando poco a poco el ritmo con “The Best Is Yet To Come” que sonó fantástica a medio tiempo.
Se metieron de pleno en las baladas con “Send Me An Angel” que me convenció bastante más de lo que me esperaba, y sobre todo con la inmensa “Holiday” que por mucho tiempo que pase y por muchas veces que la escuche sigue poniéndome la piel de gallina (sólo superarda para mí por la injustamente olvidada "Lady Starlight") y para la que se colocaron al final de la pasarela haciendo desde ahí su primera parte acústica, con Kottak dándole al cajón de percusión, y con todo el público entregado cantando y coreando.
Tras recuperar sus posiciones iniciales con la última parte eléctrica de “Holiday”, enorme, llegó el que fue para mí el tema de la noche “Raised On Rock” puro Scorpions de su último disco que sonó increíblemente potente y pegadizo, con la voz de Klaus llegando arriba con una facilidad pasmosa y con unas guitarras hechizantes que se perdieron un poco a continuación en “Tease Me Please Me”. Más por culpa del perjudicado Kottak, que se confundió en la entrada de batería arrastrando al resto durante todo el tema que arreglaron un poco al final, de lo poco que no sonó como debía durante el concierto.
Se recuperó el pulso con la impactante “Hit Between The Eyes” ya con los redobles más acompasados, como preludio del show “Kottak Attack” que no es el típico solo de batería, ya que en el mismo se mezclan imágenes de vídeo espectaculares del propio James y de la historia del grupo dando contenido a los golpes y excentricidades del aporreador que acaba luciendo su espectacular tatuaje con la leyenda “Rock & Roll Forever” cubriendo su espalda.
Aprovechando la aceleración continuó el desenfreno hasta antes de los bises con la incendiaria “Blackout” con Rudolf caracterizado como en la portada del disco con los tenedores en los ojos y la cabeza vendada haciendo kilómetros a lo largo del escenario. La breve instrumental guitarrera “Six String Sting” a mayor gloria de Matthias dio paso a “Big City Nights” uno de esos temas inmortales que siempre funcionan bien en directo y que de nuevo hizo vibrar a los fieles mientras se reproducían unas curradas imágenes y juegos de luces en los leds de las pantallas.
Tras una breve espera volvieron a las tablas para dejar de nuevo dos de sus baladas más representativas, primero la incombustible “Still Loving You” con la que me pasa lo mismo que con “Holiday” consiguiendo emocionarme una vez más con su feeling inconmensurable. Por contra “Winds Of Change” sigue resultándome excesivamente empalagosa, y además en esta ocasión Rudolf se fue de ritmo y no sonó todo lo bien que debiera, siendo lo mejor su letra y su silbido que Klaus sigue clavando.
Fin de fiesta total con la arrolladora “Rock You Like A Hurricane” con ese riff inconfundible que hace que los puños salgan disparados al aire mientras los músicos corren de lado a lado para acabar de quedarse sin aliento. Cierre magnífico para una velada en la que Scorpions volvieron a demostrar una vez más por qué son una de las bandas más grandes del planeta. Esperemos que no sea la última, ojalá se arrepientan y sigan girando mucho más tiempo (a ser posible pasando por España) porque tras lo visto en Pau, facultades siguen teniendo de sobra.
Mariano Palomo

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